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GESTIONAR EL RIESGO DEL CRÉDITO

¿Quiénes están expuestos al riesgo de crédito?  

No sólo las entidades financieras (bancos, financieras, cajas, edpymes) y entidades asimiladas. La misma normativa de la SBS sobre gestión de riesgo de crédito lo reconoce, al incluir en su alcance a otros tipos de entidades reguladas por la SBS:
  • Las empresas de seguros. En efecto, ellas invierten en bonos y, entonces, toman riesgo de crédito por esa razón. Algunas dan además seguros por riesgo de crédito (como Secrex). También tienen riesgo de crédito respecto de las empresas con las que se reaseguran y, respecto de sus asegurados (a veces se renueva un seguro a alguien que no sería capaz de pagar la prima siguiente o que, por su mala situación, puede estar tentado en provocar, por ejemplo, un incendio para cobrar la indemnización).
  • Las AFP, pues estas también invierten en bonos privados o públicos. Por eso fijan límites estrictos en sus inversiones, para limitar los riesgos de pérdidas para los fondos de los afiliados. No es sólo por el riesgo inevitable de volatilidad de los precios de las acciones y los bonos.

Pero no solo las entidades mencionadas en esa norma están expuestas al riesgo de crédito. Lo está toda persona que presta dinero o da crédito de manera informal (‘fía’, como lo hace el bodeguero) o da su garantía por un crédito otorgado a otra persona (porque si una se ve obligada a pagar en su lugar, se vuelve acreedora suya). También lo está el depositante de una entidad financiera, pues en realidad le está prestando dinero (por eso es importante saber cuánto cubre el Fondo de Seguro de Depósitos y si la entidad financiera es sólida), toda entidad o persona que invierta en títulos de deuda como los bonos, además de las AFP y empresas de seguros, los fondos mutuos, y otros tipos de fondos muy frecuentes en otros países, como los ‘hedge funds’ (que hacen arbitrajes con todo tipo de activos) y fondos money market especializados en deuda bancaria de corto plazo. Incluso los bonistas directos, como es posible en muchos países, cuando uno suscribe bonos del gobierno de su país (imaginen a los ahorristas argentinos y de otros países que tenían esos bonos en el 2001) o deposita fondos en colateral (garantía de operaciones) en otra entidad financiera o en intermediarios de valores, pues ese colateral puede no ser devuelto (si uno de ellos quiebra teniendo muchos fondos depositados en garantía).

¿Pero qué significa ‘gestionar’ (o administrar) el riesgo de crédito?

Definición de Gestión del Riesgo de Crédito, según la norma correspondiente de la SBS: “El proceso que permite mantener el riesgo de crédito dentro de parámetros aceptables, establecidos en las políticas y procedimientos internos aprobados por el Directorio, y alcanzar sus objetivos de rentabilidad y eficiencia”.
Es una definición que puede parecer algo complicada, pero que reconoce que nunca puede evitarse cierto nivel de pérdidas. El riesgo de crédito cero prácticamente no existe. Como dijimos, está presente hasta en el pago al contado si uno no recibe el dinero antes de entregar/prestar el bien o servicio vendido.
Tomar en cuenta los objetivos de rentabilidad es un concepto esencial: todo riesgo debe ser remunerado adecuadamente a través de la tasa de interés y, a veces, de comisiones para cubrir ciertos costos específicos. Aceptar riesgos sin examinar la rentabilidad y los costos (de distribuir los créditos, por ejemplo, porque no es lo mismo hacerlo en una ciudad que en zonas rurales) puede poner en peligro a una empresa. El riesgo es que a veces el ardor de la competencia puede llevar a trabajar a pérdida en algunas operaciones. Claro, eso no excluye que puedan existir préstamos ‘de favor’, como entre familiares y amigos, con tasas de interés bajísimas o nulas (en ese caso se acepta incluso perder parte del dinero a causa de la inflación). La ley islámica en ciertos países prohíbe el préstamo con interés, por lo que las finanzas islámicas han creado fórmulas ingeniosas de remuneración basadas por ejemplo en comisiones de servicio o de “participación en las ganancias” que hace el deudor con los fondos prestados.
Pero la mención a “objetivos de rentabilidad” entraña un riesgo: si una entidad cobra intereses altísimos, o crece a gran velocidad, hasta pérdidas muy altas son consideradas aceptables. El efecto sistémico potencial (es decir, de daño a la economía por la cantidad de personas que no pueden pagar) puede ser muy elevado si todos funcionan aplicando ese razonamiento. Cuando cambia el entorno macroeconómico y se vuelve desfavorable, todos los cálculos de nivel de pérdidas ‘aceptables’ pueden revelarse equivocados, pues hay demasiados impagos al mismo tiempo. Por eso se dice que hay que tener cuidado con objetivos cortoplacistas de ganancias rápidas.
El riesgo de crédito tiene una especificidad, lo que se llama el otorgamiento o admisión (u otras formas de decisión de adquirir exposiciones crediticias, como la compra de bonos), donde se analiza la capacidad y voluntad de pago de los deudores, así como la calidad de las garantías.No puede gestionarse como otros riesgos que uno no toma a propósito.
Gestionarlo como el riesgo de mercado, donde también se toman decisiones pero se fijan límites globales de exposiciones y operaciones admitidas -y se analizan y siguen evoluciones de precios o valor en períodos cortos-, puede ser un error fatal, como lo recordó  Emilio Botín, el  Presidente del Banco Santander, al analizar la crisis actual en sus inicios. Efectivamente, muchos bancos e inversionistas compraron masivamente bonos que representaban “hipotecas basura” (de alto riesgo de no pago), porque se olvidaron en la práctica de que tenían riesgo de crédito y suponían que eran fáciles de vender.

Créditos a las PYMES

La mayoría de empresarios de la micro y pequeña empresa (PyME) considera que uno de los problemas principales que tiene que enfrentar es el financiamiento, ya sea para iniciar un negocio, superar situaciones de déficit en su flujo de caja, o expandir sus actividades. En cualquiera de estos casos, tiene dificultades para conseguir dinero. En el sistema financiero es importante que el prestatario demuestre que está en capacidad de pagar puntualmente el préstamo solicitado. Esta capacidad de cumplimiento se sustenta en la viabilidad del proyecto o negocio, para cuyo financiamiento solicita el dinero. Ser “sujeto de crédito” es decir, tener historial de cumplidor de sus compromisos, es un requisito que cada día se hace más indispensable. Los pagos a tiempo reflejan una administración financiera responsable y abre el camino a otras y mayores líneas de financiamiento en el futuro. Actualmente, este tipo de información es compartida por todas las entidades financieras, gracias a las centrales de riesgo.

Hablar de las PyMES en el Perú es referirse, sin duda, a un tema de enorme relevancia para la economía del país. Más del 98% de las empresas en el país son micro y pequeñas. Aportan más del 50% del producto bruto interno y son las principales generadoras de empleo en la economía. Sin embargo, alrededor del 74% opera en la informalidad y todas ellas - formales e informales se desarrollan con evidentes limitaciones que condicionan su desarrollo. Este trabajo se enfoca en el análisis financiero de la PyMES creando una metodología sencilla capaz de ayudar al empresario en lograr que su empresa siga en el mercado. El análisis financiero a una pequeña o mediana empresa surge de los antecedentes históricos de sus Estados Financieros, brindando un diagnóstico para la toma de decisiones. En los últimos años, el acceso de las PyMES al crédito del sistema financiero ha aumentado. Ello evidencia la importancia de monitorear el endeudamiento de estas empresas con el sistema financiero para identificar potenciales señales de un excesivo endeudamiento. Los créditos PyMES tienen una mayor participación relativa en la cartera de colocaciones de las entidades no bancarias (casi dos terceras partes de sus colocaciones totales) que en los bancos (10% de su cartera total de créditos). Ello responde a que las entidades no bancarias se especializan en el segmento de microfinanzas, mientras que los bancos son entidades más diversificadas.


EL CAMINO CORRECTO HACIA LA FORMALIZACIÓN

La meta que se planteó el gobierno de PPK con respecto a la formalización fue tan ambiciosa como sorprendente: duplicar la tasa de formalidad, llevándola a un 60% al final del mandato.




Existen, a grandes rasgos, dos líneas de pensamiento para explicar la informalidad. Una sostiene que es un problema de reglas, impuestos y servicios públicos. Los beneficios de formalizarse no compensan los costos y el Estado es incapaz de fiscalizar. Por ello, un adecuado mix de medidas tributarias, laborales y de simplificación administrativa liberaría el espíritu emprendedor, permitiría acceder al crédito y elevaría la productividad.
La otra línea de pensamiento ha ganado adeptos desde que se publicara un análisis de los economistas Rafael La Porta y Andrei Shleifer en el 2014, cuya conclusión era que la raíz de la informalidad es la ínfima productividad de las empresas en dicha condición. Son, de hecho, firmas de subsistencia, con escasas conexiones con el mundo formal. 
Para La Porta y Shleifer, el mix de medidas descrito puede tener ciertamente impacto formalizador, pero será limitado. Lo que de verdad formaliza es el crecimiento económico basado en sectores que generen empleo formal. “Muchos emprendedores informales alegremente cerrarían sus negocios para trabajar como empleados en el formal sector si se les ofreciera la oportunidad”, afirman. 
¿Cuál de las visiones prima en el Perú? Un estudio de Norman Loayza encuentra que la principal fuente de informalidad en el Perú es el marco legal e institucional, mientras que la productividad tiene un rol importante, pero comparativamente menor. Bajo esa influencia, el Gobierno viene tomando medidas como el régimen mype tributario y, más recientemente, el subsidio del aporte de Essalud a los nuevos empleados formales jóvenes.
Para potenciar estas medidas, una verdadera reforma laboral y continuar con políticas que impulsen la productividad son herramientas indispensables. A la informalidad hay que abordarla por todos los senderos.

MYPES DE GAMARRA: Formalidad vs Informalidad

El Perú se caracteriza por ser un país emprendedor, en donde abundan tanto las empresas formales como negocios informales; sin embargo, todos estos negocios necesitan financiamiento de las entidades financieras para solicitarles préstamos, para que puedan aprovecharlo positivamente, nos referimos "positivamente" a la inversión que van a realizar en su negocio, porque hay muchas empresas y sobre todo los negocios informales que solicitan créditos para poder cubrir sus deudas, algo que no se debe hacer y que la entidad financiera no acepta.

No obstante en el Perú se encuentra uno de los emporios más grandes de Sudamérica, nos referimos a Gamarra, en donde abundan estos tipos de negocios, y que para ellos es más fácil y accesible tener el crédito.
Ya que estos negocios informales ocultan información que es relevante para la entidad financiera que otorgará el préstamo, es decir, no hay sustento en donde puedan decir con franqueza: ¿Cuántos proveedores tienen? ¿Para qué desea solicitar el préstamo? ¿Con cuánto inventario cuentan?, etc., la entidad que va a otorgar el crédito no puede saber cómo este negocio se encuentra financieramente, no hay un estado de resultados o un estado de ganancias y pérdidas en donde la entidad financiera pueda saber si en realidad lo desea para invertir o reinvertir en su negocio o para para que este negocio informal pueda cubrir sus deudas con terceros. No se cuenta con un historial de años anteriores.

Entonces es complicado saber si en realidad un negocio informal desea el préstamo para utilizarlo como reinversión, existe un alto riesgo de que no se pague la obligación, a causa de que hace falta tener conocimiento de sus libros contables; además, sólo se tendría conocimiento de sus cuadernos de ventas que tuvieron en el año, algo que no sería lo suficientemente contundente para recaudar cierta información que le ayudará a la entidad para tener indicios sobre el funcionamiento y manejo de éste.
                   

Sin embargo otro problema que se asemeja al estudio que está por realizarse en este proyecto de investigación, son los llamados “negocios golondrinas”. Nos referimos, a aquellas MYPE’S informales que quiebran en el corto plazo, aquellas que no perduran en el mercado, por las distintas causas de la informalidad y competencia que trae consigo. Entonces, por ser pequeños negocios que necesitan producir y recibir ingresos para poder “crecer” a pesar de la informalidad que tienen, también necesitan financiarse.
La problemática aquí, es que la entidad financiera que va a otorgar el préstamo, no sabe cuánto tiempo este negocio perdurará en el mercado, sin embargo, supongamos que este pequeño negocio no tiene deudas con terceros, paga al día sus obligaciones, en el sistema tiene un buen comportamiento y en sus cuadernos de ventas se muestran que tienen capacidad para poder cubrir sus deudas en el corto plazo, por ende, la entidad financiera le otorga el préstamo por una suma de dinero a un plazo de determinado, entonces, esta MYPE que ya tiene el dinero en su poder se ve obligada a devolverle el dinero más los intereses a su acreedor a un plazo acordado, pero por desconocimiento del entorno comercial precios y costos y falta de capacitación, el negocio tenga que cerrar.

He ahí el problema, la entidad financiera le da el préstamo a nombre de la empresa o persona natural, sin pensar que ésta no duraría en el mercado menos de 1 año, el negocio cierra o se reubica en otro lugar,  y a consecuencia, el pago no será cumplido.
Esto no es un problema de estafa, sino que la informalidad del negocio y el desconocimiento del mercado causa el cierre o el traslado de éste, en donde es difícil encontrarlo para cobrar lo que se debe.

A consecuencia de que ésta persona informal no pague la deuda con la entidad financiera, lo peor que le puede pasar al acreedor es que provisione su deuda, habría un desbalance en su patrimonio, por ello se tendrá que realizar un estudio profundo antes de otorgarle el préstamo.


En conclusión podría existir una mala evaluación para el financiamiento crediticio que se le otorgará al negocio informal, si es que no hay una mala gestión por parte del personal que se encague de brindar el préstamo, visualizando el comportamiento que tiene en el sistema y midiendo también la morosidad por rubro.